miércoles, 28 de enero de 2009

UN POQUITO DE MÍ...




Dice mi amigo Miguel, que un blog es un diario, pero sin candado. Refrendo tal afirmación, aunque lo cierto es que en los últimos tiempos, en los que por distintas razones me he visto privada de la facultad de escribir, me he dedicado a mostraros los artículos de otras personas, algunos de ellos amigos míos, o compañeros de viaje en esta aventura que decidí emprender en septiembre de dos mil siete, hace ahora un año y cuatro meses. En este tiempo transcurrido han ocurrido muchas cosas, de tal manera que yo apenas puedo recordar como era mi vida antes de todo esto. Soy especialista en revivir sentimientos y situaciones pasadas y por esa misma razón, a veces me dejo atrapar por la nostalgia. Sin embargo, cuando intento recordar como era mi vida antes, sin Rolan, sin Armando, sin Eduardo, sin Humber, sin Miguel, sin Marián, sin Nacho, sin Dani, sin Carmeta y Miguel, sin Lolo, sin Paloma, sin Marta, Cecilio, Antonio,Paco, Javier, Ana, Paula, Andrés, etc...no consigo hacerlo. Mi decisión de formar parte del nuevo proyecto político de UPyD, Unión, Progreso y Democracia, ha sido, hoy por hoy, una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida y en ese sentido, me considero una mujer, una persona afortunada. Soy consciente de que nos queda mucho trabajo por hacer, de que a pesar de que llevamos un año y cuatro meses trabajando diariamente sin descanso, sin que todavía hoy apenas se nos oiga, con perseverancia y con empeño, llegará un momento en que todo el mundo conozca nuestro mensaje y una vez que esto ocurra, tendrá lugar el esperado cambio.

Esta semana es una semana repleta de sentimientos, de reflexión, de temores, pero también de una gran esperanza. El pasado fin de semana presentamos nuestras candidaturas en Galicia(Santiago) y País Vasco(Andoain). El acto de Galicia fue impresionante y la respuesta ciudadana no pudo ser mejor. Todo salió tan bien como esperábamos. El acto de Andoain fue muy especial y en él había una mezcla de sentimientos, difícilmente capaces de ser transmitidos a quien no hubiera estado allí. Por un lado, todos queríamos estar contentos, porque el hecho mismo de estar allí, en el sitio donde habían asesinado a José Luis y a Joseba, era ya una gran victoria para nosotros sobre los asesinos. El hecho de estar allí, en la plaza del pueblo, ante aquél escenario gris, expresándonos por medio de la palabra, del sentido común y del raciocinio, supuso para todos nosotros una clara victoria sobre los asesinos y sobre quienes consienten y permiten que ellos sigan matando. Por otro lado, la impotencia y la tristeza, se adueñaban de nosotros en forma, incluso, de lágrimas furtivas, mientras escuchábamos el Adios a las penas de abril y mientras sufríamos en carne propia el dolor más profundo de todos, el de una madre que ha perdido a su hijo.

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